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¿Enfoque?...En estos días, ¿con qué se come eso?

March 20, 2020

He perdido la cuenta de las veces que he querido tirar la toalla con todo lo que ha pasado. He perdido la cuenta de las veces que me he desenfocado y he dicho “mejor me voy a la esquina a vender un álbum de Panini Stickers”. Tú sabes, de esos que coleccionábamos y comprábamos los stickers por paquetes, rogando al cielo que no te salieran los mismos de la vez pasada porque obvio, ya tienes a Roberta repetida como cinco veces. Solo te faltan dos Diego y una Mia para completar tu libro.

 

 

Recuerdo lo fácil que eran esos tiempos, en los que lo más difícil era decidir cuál Power Puff Girl o Power Ranger serías. Yo siempre quería ser el rojo, aunque fuera nene, pues era mi color favorito. Qué fácil era llegar a casa de los abuelos, quitarte los zapatos, el jumper, y que te recibieran con un buen plato de arroz blanco, habichuelas y muslito frito. Poner los Simpson, pero callao porque en casa no me dejaban.

 

Tenía el mundo a mis pies y no lo sabía. Los fines de semana se trataban de levantarse temprano, desayunar un conflei con leche, poner La Casita de Lulu y ver televisión de corrido hasta que fuera hora de desayunar de verdad. El desayuno perfecto eran los panqueques de mamá, qué sabor tan rico. Todavía es la hora que nunca me han salido tan buenos como los de ella.

 

Correr bici, jugar con muñecas y siempre robarle el Max Steel a tu hermano porque, seamos realistas, Ken era más el mejor amigo de Barbie que otra cosa. Qué tiempos aquellos, pero nos tocó crecer.

 

Nos tocó darnos de frente con la vida de adultos y, siendo honestos, tus padres hacen lo mejor para prepararte, pero nunca estás preparado al 100 por ciento. Ahora, en la universidad, como diría mi papá, me tocó jugarme la vida y de qué manera. No he tenido ni un semestre normal desde que comencé mi bachillerato en 2014 y, definitivamente, como van las cosas, la escuela graduada va por el mismo rumbo.

 

Sabía que la vida universitaria me sorprendería y me haría crecer, pero jamás pensé que de esta manera. Primero, con paros; ahí, aprendí que no todo está bajo mi control. Luego, las huelgas; ahí, aprendí que esto nunca se trató de cuál universidad es mejor que cuál. Luego el racionamiento de agua; ahí, aprendí a bañarme con dos botellas de agua y que el jabón Dove no es el indicado para la poca agua. Luego, llegaron Irma y María; con ellas, aprendí a hacer mis tareas lo más rápido posible porque estaba en la espera de que se fuera la luz en cualquier momento. Llegó el trimestre, y, por poco me ahogo de trabajo; ahí, aprendí que todo esto es “o lo quieres o lo sueltas ahora, mamita”. Llegaron las marchas, el Verano del 19; con ellas, aprendí que no es tarde si la dicha es buena.

 

Me gradué feliz porque por fin sería diferente en la escuela graduada, y “Uy Luli, lo equivocada que estaba, mi ciela”. Ahora, estoy en cuarentena y nunca en mi vida me había dado tantos deseos de tomar el sol, y eso que soy alérgica.

 

Las adversidades me enseñaron a amar mis metas, a saber que, si realmente quiero algo, es cuestión de luchar por ello. Pero uno se cansa, uno se pregunta hasta cuándo esta lucha por algo que quiero. Y la vida siempre responde con “si no luchas, no lo vas a apreciar de la misma manera. Lo que fácil llega, fácil se va”. Esto se supone que sea un blog de pasos para mantener el enfoque durante estos 14 días de distanciamiento social, pero quería traer un poco de realidad a la mesa. Un toque de humor para pasar esta vida que se cree que soy piñata dándome con to.

 

Como universitarios, estas adversidades han demostrado lo serios que estamos en relación con nuestras metas y nuestra educación. Hemos probado vez tras vez que llueve, ventee o relampaguee somos imparables. Somos humanos, nos cansamos y queremos tirar la toalla a veces, pero definitivamente el deseo de progresar y el compromiso con nuestras metas es real y mucho más fuerte que cualquier adversidad.

 

A ti que estas tomando clases en línea durante esta cuarentena, resiste y, si te hacen una pregunta quédate quieto, pensarán que te frisaste. A ti que con el cansancio y las ojeras no desistes de estudiar, tranquilo y tranquila como dice mi papá: “Ahora, te comes el hueso, pero luego te tocará comerte la carne y te la disfrutarás”. A ti que por alguna razón no pudiste continuar con tus metas educativas, resiste, pues tu momento llegará, y todos los que sabemos lo que es estudiar te apoyamos. A ti que elegiste estudiar a edad avanzada, te admiramos y te apoyamos: lo estás haciendo bien. A ti que aspiras a estudiar, tírate, pues aprender y conocer es una maravilla. Qué pena que poco a poco se hace más y más cuesta arriba para aquellos que no cargan con un apellido o un bolsillo lleno. A ti que estás estudiando con todo y adversidades, por si no te lo han dicho, me siento orgullosa de ti. A ti que tuviste que tomar decisiones parar sacar a tu familia hacia adelante, también me siento orgullosa de ti. Se nos olvida que esta vida no es una carrera, que no es quien llegue primero, si no quien llegue, no importa su ritmo.

 

Es fuerte, lo sé, pero la satisfacción que sentirás hará que todo valga el esfuerzo. ¿Cuarentena?, bring it on baby soy de la generación del YO NO ME DEJO.

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